Una paternidad Suzuki redescubierta PDF Print E-mail
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Friday, 17 April 2015 16:15

Una paternidad Suzuki redescubierta

por David Pinzón



Mi nombre es David Pinzón. Yo no era un padre involucrado, aunque así lo pareciera. Tuve que perder mi empleo para darme cuenta de lo mucho que dejaba de hacer, y poco a poco me estoy convirtiendo en un padre Suzuki.




Soy padre desde hace casi 6 años. Cuando mi hija nació, mi esposa investigó sobre el método Suzuki. Realizó algunas llamadas y le informaron que entre 3 y 4 años de edad es cuando se iniciaban las clases formales, así que dejamos esa parte musical pendiente.

Mi hija desde los 6 meses de edad asiste a guardería/kínder y en la tarde se queda en la estancia de la escuela. Sin embargo, los fines de semana parecemos muéganos, haciendo todos juntos todo. A los tres meses de edad nos involucramos con el Gymboree, hasta que empezó a caminar. Durante algún tiempo, mientras estuve desempleado, la llevé a clases de natación para bebés.

A los dos años entró a clases de baile. Durante los siguientes dos años nos empeñamos en llevarla durante nuestros momentos libres a distintas actividades, desde natación hasta jugar en el parque, pasando por actividades con cuenta cuentos, espectáculos de baile, danza, música, teatro, etc.
Y por fin cumplió 4 años, y nos acercamos a una maestra Suzuki para iniciar sus clases de piano. Debo confesar que cuando la maestra nos pidió comprar el libro 1 con CD, y ponerlo en todo momento posible, yo estaba escéptico, y pensaba: ¿cómo va a ayudar escuchar el CD más que las clases? Y también debo confesar que fui el primero en pedirle a mi esposa que lo quitara debido a que “ya no aguantaba escucharlo”. Lo bueno es que mi hija no escuchó esa frase, y mi esposa decidió no hacerme caso.

También debo confesar que cuando estuvimos durante el primer mes en clase, y Elena sólo tocaba una nota, yo no entendía por qué estaba pagando tanto dinero porque mi hija tocara sólo una nota. Y más, cuando tuvimos nuestra primera Clase Maestra a las pocas semanas, era lo mismo, una sola nota. Mi esposa estuvo durante un par de meses más llevando a mi hija a clase, y el avance fue modesto porque por mucho que se esforzaba mi esposa, yo no estaba presente en el horario adecuado para que mi hija practicara.

Poco tiempo después quedé desempleado por segunda ocasión; me dejaron ir. Y justamente a las dos semanas de ese suceso, me hablaron de mi trabajo para pedirme que regresara. Ese fue el punto de primer cambio. Yo dejé de ver a mi empleo como un recurso que podía perder, y comencé a verlo como un recurso que me necesitaba. Perdí el miedo, y al perder ese miedo, gané la confianza para solicitar salir temprano dos veces por semana, y poder atender la práctica de mi hija. Y lo más importante, empecé a practicar lo mismo que ella practicaba.

Nuestra maestra también tuvo la visión, justo alrededor de ese mismo tiempo, de juntar a mi hija con otro niño, un poco mayor, que apenas empezaba a aprender lo mismo que ella. Si bien, a poco más de un año de distancia los resultados parecen modestos en forma cuantitativa (repertorio), cualitativamente los dos exhiben brotes, que bajo mi nueva perspectiva, son geniales. Son capaces de seguirse, alternarse, detener y volver a encontrarse en las melodías que practican. Están aprendiendo a ser un dúo.

Voy a abundar un poco en lo que yo no veía durante los primeros meses como padre. Las maestras estaban enseñando a mi hija la posición correcta de la mano, la posición correcta de los pies, a rozar las teclas del piano antes de tocarlas y así obtener un sonido completo del instrumento, y más importante, a darle soltura a su mano. Hoy sólo tienen que corregir muy levemente esos puntos tan importantes. La postura llega sola, y la confianza aumenta.

Otra cosa que no veía, y no escuchaba ni pensaba, es que efectivamente la repetición del CD es una forma increíble de aprendizaje. El CD 1 tiene melodías claras con una ejecución perfecta. A partir de que inicié a practicar con mi hija, me di cuenta de lo fácil que me resultaba aprender una melodía nueva, porque la estaba escuchando en mi cabeza con mucha claridad a causa de la repetición, y eso mismo ocurre en los niños, pero a un nivel mayor dado que ellos no llenan su cabeza de preocupaciones. Hoy, mientras manejo a mi trabajo, en muchas ocasiones escucho el CD 1 aunque mi hija no está en el automóvil conmigo. Aprendí a que me gustara.

Si bien mi hija mostró un correcto avance durante la primera mitad del año 2014, en verano no practicamos más allá de las canciones más sencillas. Y al volver a iniciar en septiembre de ese año, fue en cierta medida como empezar de nuevo.

En ese momento tuvimos otro cambio favorable, cuando se instauró la clase sabatina grupal. Todos los niños de todas las edades jugando a hacer música. En ese punto vimos cómo mi hija comenzó a desarrollar una cantidad de habilidades de forma exponencial, empezando con la lectura, la escritura y las matemáticas. Para fomentarlo compramos juegos de dados, lotería de sílabas y nos pusimos a jugar en familia. Y su habilidad para retener melodías también fue en aumento considerable. Empezamos a jugar al recital, a actuar las melodías, a inventarle letra a las canciones, a cantarlas en el automóvil mientras escuchamos el CD. El día que mi hija no quería practicar Remando Suavemente, yo tomaba dos cucharones de la cocina y la retaba a tocar mientras yo “remaba” por la sala de un lado a otro, y después a intercambiar lugares, con carcajadas de por medio. Generamos y colocamos una tabla de registro de prácticas sobre el teclado para colocar estrellas cada vez que practicaba una melodía. Finalmente mi esposa cortó una caja de zapatos, la decoramos y mi hija escribió el nombre de las melodías en hojas de papel y tuvimos nuestra caja sorpresa para prácticas, donde nunca sabes qué melodía interpretarás. Ahora quiero conseguir unos dados grandes con el mismo propósito, y tal vez una pirinola gigante, para darle diversidad de opciones en sorpresas.

Los sábados instauramos en nuestra Academia la sesión de los padres, donde intercambiamos ideas y consejos, resolvemos preocupaciones y vemos cómo involucrar más a nuestros hijos. La primera iniciativa vino de nuestra maestra, cuando nos invitó a una sesión de Cuenta Cuentos, dentro del marco de un festival sobre la tradición oral. Ahora tenemos que armar nuestras iniciativas de generar espacios para que nuestros hijos convivan fuera de la Academia.

El último cambio en mi personalidad lo viví a 1,000km de casa, en el marco del Primer Campamento Musical Suzuki en Valle de Bravo, donde conocimos y compartimos espacio con una familia con muchísimo en común con la nuestra, que vive a sólo 7km de nuestro hogar y con quienes vamos a generar un mejor ambiente musical. En ese Campamento me desprendí del último miedo que tenía, que es el de conocer gente nueva.
No todo el tiempo mi hija es feliz practicando en casa, y si bien en ocasiones nos puede ofrecer un recital de todo su repertorio, en otras ocasiones es muy tarde, está muy cansada o simplemente no está de humor. Y sí, en ocasiones llora o hace berrinche. Lo que aprendí de mi esposa es a detectar cuando eso está a punto de ocurrir, y buscar hacer algo más. La práctica diaria aún nos elude, pero cada vez es mejor y más duradera, poco a poco a través de un buen ambiente de juego.

Me volví “infantil”, y aprendí a jugar de nuevo. Hemos tomado dos Clases Maestras más, y el desarrollo que muestra mi hija es increíble. Recuerdo que juntar las manos para Cucú nos tomó alrededor de 2 meses, tanto a mí como a mi hija. Y en estos días mi hija ya juntó las manos de Tía Rhody con sólo 3 sesiones, mientras que yo aún no termino Puente de Londres, pero no me he rendido. Ahora estoy determinado a generar más padres Suzuki, y a dar más alumnos a las maestras que tanto nos han enseñado, y ofrecer a mi hija una generación de mejores seres humanos.


Last Updated on Wednesday, 22 April 2015 00:38
 
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